Coca-Conomía

Es por todos bien sabido que México tiene los índices de obesidad infantil más altos del todo el mundo, lo cual no sorprende cuando se sabe también que somos el consumidor más grande per cápita de Coca-Cola.

Ambas cosas parecen absurdas dado que somos un país donde 40 millones de mexicanos viven en la pobreza de acuerdo a parámetros económicos internacionales, lo que quiere decir q es prácticamente el resto de la población que alza la media para llegar a superar indicadores no muy honorables de países con problemas similares, como Estados Unidos.

Durante las últimas semanas se habló del impuesto a algunos productos, entre los cuales se encontraba precisamente la Coca Cola, donde uno de los argumentos más mencionados del Gobierno era la obesidad en el país. Esto es particularmente difícil de creer cuando se analizan productos, como por ejemplo también pueden ser los cigarros, que son prácticamente inelásticos, que quiere decir que un aumento en el precio de ese producto tiene poco efecto sobre una posible disminución en el consumo del mismo.

El relación particularmente al punto de los impuestos a la comida chatarra, incluida la Coca-Cola, esta semana sobresalió el tema del director de ARCA, mencionando en una conversación que debió ser confidencial, la posibilidad de incrementar la fructosa en la bebida para disminuir el costo de producción (con peores efectos para la salud), buscando nivelar básicamente el impacto del alza del impuesto a las bebidas endulzadas y mitigar en cierto modo el precio para usuario final. Lo anterior fundamentalmente anula el efecto del alza de precio para evitar la disminución en el consumo, o sea estaríamos como empezamos.

Efectivamente la obesidad en México es causada por diversos factores, por lo que el ejemplo de Coca Cola es sólo el caso seguramente más conocido por todos, ya que el mexicano medio consume la modesta cantidad de casi 200 litros al año. Tampoco es el motivo de estas líneas satanizar las estrategias de una empresa en particular, ya que la industria de alimentos y bebidas no es más honesta ni deshonesta que otras industrias donde se presentan situaciones del tipo en donde antes que nada están los beneficios económicos por sobre la salud de las personas.

Es cierto que el Gobierno recibe impuestos por el consumo de estos productos, por lo que el balance en estos casos es analizado a detalle para saber si el resultado es positivo en términos de recaudación y posible pérdida de empleos, pero al mismo tiempo como ciudadano quisiéramos confiar que estas decisiones son basadas en los impactos positivos que una medida del tipo pueda tener efectivamente en la salud de las personas. El Gobierno también tiene que pensar posiblemente que el día de mañana habrá una población con problemas  de diabetes, cardiovasculares, etc. que representan una potencial carga financiera al sistema de salud que pudiera ser más grande que el beneficio de recaudar impuestos el día de hoy.

Recientemente, por ejemplo, en EUA aprobaron la prohibición de grasas transgénicas, de las cuales médicos y activistas sociales se promulgaban en contra desde un inicio por los riesgos potenciales en la salud. Tal vez también ayudaría pensar un poco, qué tipo de productos estamos consumiendo hoy que serán prohibidos en 5, 10 o 20 años? Podríamos ver en los envases de refrescos y productos de comida chatarra imágenes de gente obesa advirtiéndonos que podríamos terminar así si los consumimos en sobre medida? Los padres de familia se están organizando en las escuelas para revisar lo que están consumiendo sus hijos en los recreos?

Así que la pregunta es muy simple, queremos cambiar y mejorar nuestros hábitos alimentarios por efectos de elasticidad de la demanda y otras leyes económicas? o simplemente por algún efecto sobrenatural raramente visto en la actualidad como pudiera ser, llamémoslo… la convicción propia.

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Mexican blogger living abroad and writing about experiences of traveling around México, Italy, India and Spain.

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